
La Universidad de Caldas tuvo una destacada participación en el Congreso Iberoamericano de Educación y Formación Artística y Cultural celebrado en Bogotá, con una presentación del programa Artes para la Paz que transformó el auditorio en una fiesta y cerró con ovación.
En la mañana del 13 de mayo, la región operada por la Universidad de Caldas de Artes para la Paz, llevó al escenario iberoamericano lo que cada día ocurre en 539 instituciones educativas de Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima, Valle del Cauca y Cundinamarca: el arte como lenguaje común, como herramienta de convivencia y como política pública capaz de transformar vidas.
El público cantó, aplaudió y respondió con una ovación que fue, en sí misma, una demostración del impacto que genera un programa con más de 159 mil beneficiarios directos en solo dos años.
Concierto y fiesta
La muestra artística recorrió el folclor colombiano de extremo a extremo. La banda de la Institución Educativa Gerardo Arias de Villamaría, Caldas, bajo la dirección del maestro Guillermo Ramírez, abrió con Mi Buenaventura, el himno del Pacífico compuesto por Petronio Álvarez en 1931.
Le siguieron el sanjuanero tolimense El Contrabandista, de Cantalicio Rojas González, que llevó al baile a los estudiantes de la Institución Educativa Agroindustrial de Cajamarca (Tolima); la declamación de La Oración del Arriero, del poeta caldense Jorge Robledo Ortiz, como homenaje a la colonización antioqueña que forjó el Eje Cafetero hecha por ‘Pesebre’ un joven arriero manizaleño.
Estuvieron los ritmos afrocolombianos del Pacífico con la Institución Educativa Inem Jorge Isaacs con bailes como Cali Pachanguero, el himno salsero de Jairo Varela y el Grupo Niche. El cierre fue con Colombia Tierra Querida, de Lucho Bermúdez, cantada a coro por un auditorio que vivió en cuerpo propio lo que el arte puede hacer con una comunidad.
La participación de la Universidad de Caldas en este escenario regional e internacional consolida su lugar como una de las operadoras de mayor cobertura y proyección dentro de Artes para la Paz al nivel nacional, y confirma que el modelo pedagógico construido en los territorios tiene algo que decirle al mundo: que la paz también se aprende bailando, cantando y declamando.