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Habemus Centro Cultural Universitario

Ricardo Gómez Giraldo

Rector de la Universidad de Caldas

Columna publicada en La Patria (29/11/2013)


Rector Cuando se visita Estambul, en una de sus más exuberantes mezquitas -la de Santa Sofía- se encuentra un testimonio de tolerancia destacado. Allí se fundó en el año 360 la catedral de mayor superficie del mundo durante mil años: la Basílica Patriarcal Ortodoxa de Constantinopla.

Cuando los otomanos invadieron a esta capital, el edificio fue transformado en mezquita y se mantuvo como tal desde 1453 hasta 1931. Durante 500 años, el Islam ocupó el templo de otra religión, para sus propios fines de culto y oración, sin destruirle un centímetro, aparte de cubrir los ojos de cuatro imágenes tradicionales cristianas.

A partir de 1935 y en otro acto de civilidad, tolerancia y conciencia histórica, la que fue primero catedral y luego mezquita, fue convertida en museo, por un hombre desconocido en Occidente, pero amado por su pueblo: Ataturk, el fundador de Turquía.

En contraste, en la que hoy conocemos como la Ciudad de México -antigua Tenochtitlán-, se construyó la Catedral Metropolitana, como un acto de consolidación de la recién terminada conquista, en 1547.

Aún me impresiona la evocación que tuve al conocer dicha catedral: con los ladrillos de la pirámide sagrada de Xipe-Tótec, se construyó el templo de la nueva religión. Se destruyó una, para imponer la otra.

Esta reflexión cabe perfectamente aquí y ahora, en vísperas de la construcción de nuestro Centro Cultural Universitario (CCU) Rogelio Salmona, como un acto para sembrar la tolerancia y la paz, para aprender del ejemplo de Ataturk, que creó un museo donde dos religiones pervivieron por siglos y no del estilo autoritario de Hernán Cortés en su conquista de Mesoamérica.

La tolerancia entre los hombres y sus culturas se siembra permitiendo a los estudiantes el autoaprendizaje, es decir, por sí mismos darse cuenta de las vidas de los otros, del conocimiento abundante y, por ende, de la propia ignorancia, conciencia que aumenta entre más intentamos abarcar.

El hambre sincera por el aprendizaje y la comprensión de los fenómenos humanos y naturales es condición necesaria para la humildad, la modestia, y por ello, para la paz entre los hombres.

La biblioteca del Centro Cultural Universitario será un espacio para la transformación pedagógica de la Universidad de Caldas. El llamado a los profesores es a trabajar para darles más alas a nuestros estudiantes, con preguntas pertinentes en cada asignatura, que los lleven naturalmente a consultar en su biblioteca.

Por más que los caminos y acentos de nuestra sociedad contemporánea parezcan llevarnos hacia la satisfacción de las «necesidades» materiales -las compras-, soy de los que creen lo contrario, que la vida vale la pena vivirla para disfrutar de las personas que amamos y para regodearnos de las riquezas espirituales que somos capaces de captar y disfrutar: el arte, la lectura, la música, el aprender sobre otras vidas.

El conservatorio permitirá que las carreras de Maestro y de Licenciado en Música se ofrezcan con las mejores condiciones acústicas posibles. Como dice nuestro consultor y amigo Juan Antonio Cuéllar: «El músico en desarrollo aprende a explorar el ambiente acústico como un componente de la expresión musical y para el músico profesional la respuesta acústica de un recinto se convierte en la envoltura en la que se tejen los hilos de la música».

Dice además, que «las limitaciones acústicas de un edificio dedicado a la educación musical pueden desvirtuar el proceso educativo. El Centro Cultural responde a los aspectos fundamentales de los condicionamientos acústicos». Por ello, fue fundamental incluir los primeros cubículos y aulas del futuro conservatorio, en la construcción de la biblioteca, es decir, en esta primera fase.

Su culminación se hace entonces irreversible, además porque el conservatorio nos permitirá crear alianzas con otras instituciones nacionales, regionales e internacionales, como el programa de bandas municipales -que desde hace 30 años lidera la Gobernación de Caldas- o con la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colombia, entre otros.

Hoy ya tenemos en nuestras manos la licencia de construcción N° 0186 para iniciar la construcción del CCU en diciembre del 2013 y se renegoció el crédito, lo cual implica un ahorro de $6 mil millones en intereses.

Agradecimientos a quienes contribuyen a hacer realidad esta obra: al maestro Carlos-Enrique Ruiz, Adriana Gómez, Ana María Venegas, Ana María Giraldo, Josué Galvis, Patricia Salazar, Luis Guillermo Pineda, Mauricio Arbeláez, Felipe César Londoño, Fabio Hernando Arias, María Elvira Madriñán (viuda de Salmona), Roberto Bonheim y Luis Fernando Arboleda.

Si el presidente uruguayo Pepe Mojica decía «más libros, más libres», yo añadiría «más arte, más tolerancia».

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